domingo, 29 de julio de 2018

El diario de Mirella: Día 27(domingo)



La ilusión de tener a quién amar como pareja te lleva hacer muchas cosas, por ejemplo, llamar desde tu casa a la casa de esa persona y pasar horas hablando, de cualquier cosa, lo importante es compartir algunas locuras por amor.
A mis padres no les gustó que gastara el crédito de las llamadas en una compañera que vería al día siguiente, pero para mí lo era todo. Era el segundo día oficial de nuestra relación, tenía que fortalecer los lazos con detalles, por ejemplo, esta llamada.
La voz de Rosa siempre me ponía de nervios, me aceleraba el ritmo cardiaco, me hacía sudar las manos y hablaba como tartamuda. Ella reía. Estaba loca por ella.
—No me estoy burlando de ti, es al contrario —decía ella—. Me parece lindo que yo pueda provocar tantas emociones en ti. Tú también me pones así, Mirella.
Sentía mi cara arder, era una antorcha humana. Era complicado expresarme en ámbitos románticos, no estaba acostumbrada. Rosa era mi primera novia. Me mordí los labios. ¡Qué complicado era expresarme!
—Amor —dije, indecisa.
Ella guardó silencio. Sentí que había metido la pata hasta el fondo, que se enojaría por decirle así. Por lo general siempre decía Rosa, sólo así, sin diminutivos y cosas empalagosas.
—Me gusta —contestó.
Estaba feliz.
Ella reía con algunas ocurrencias mías.
Era una linda noche para las dos. 

viernes, 6 de julio de 2018

El diario de Mirella: Día 26 (sábado)



Era sábado. Era el gran día.
Estaba en la florería. El dinero de mis propinas sólo me sirvió para comprar una rosa de color azul y una pequeña cajita con tres chocolates caseros que me los vendió una señora. Me sentí deprimida. No era los regalos que quería darle a la chica más hermosa que he visto. Un ramo de rosas y una caja de doce bombones era lo mínimo que podría categorizar como presentable.
Es difícil estar enamorada y no tener dinero para obsequiar a la chica de tus sueños.
Rosa dijo que llegaría cerca de las 3 de la tarde, sólo faltaba cinco minutos.
Caminé hasta el parque con las manos nerviosas y sudorosas, sentía que la rosa y la pequeña caja de chocolates se me resbalaban. ¿Qué le iba a decir? No había pensado cómo declararme, sólo pensé en los presentes.
«—¡Ay, Mirella!, qué tonta eres -pensé»
Palabras, ¡Qué palabras le diría! ¿Un poema? No, se me hace muy memorista y eso no sería lo ideal. Podría decir lo que piense y como me salga, aun teniendo en alternativa de cometer algún error tonto.
Llegué al parque y allí estaba Rosa con un vestido rosado, que se veía más niña de lo que era. Y yo estaba con las manos en la espalda, no quería que vea mi solitaria rosa y mis insípidos chocolates hasta que me haya declarado.
Ella me vio desde su asiento y yo estaba que moría de nervios, hasta que llegué hasta donde estaba ella. Me miró curiosa porque mis manos estaban en mi espalda en todo momento, ocultando mis objetos de declaración.
—Qué tienes allí, Mirella —dijo Rosa, mirándome curiosa y tratando de ver en mi espalda.
Yo hice un rápido movimiento de manos para colocar los obsequios delante de ella.
—¡Me gustas, me gustas mucho!¡Sé mi enamorada, por favor! —Le grité mientras le mostraba la caja de chocolates y la rosa.
Ella se quedó impresionada, me miró a los ojos por unos segundos, y después desvió la mirada de mí y mis presentes.
—No puedo, ya te dije que Magaly es mi amiga y ella tiene sentimientos por ti —contestó.
No, Magaly, no iba hacer de nuevo esa mancha molesta que opaca nuestra felicidad. Ella tenía a alguien a quién querer o por lo menos no estaba sola.
La miré con determinación a Rosa. Yo no iba a irme hasta que me acepte. Nuestros sentimientos eran mutuos, no teníamos porqué sacrificar nuestra felicidad por los demás.
—Ella está saliendo con Laura, la patrona. Las vi en el baño hace algunos días —dije.
Rosa estaba impresionada, dudosa. Le tomé de las manos. Le entregué la caja de chocolate y la rosa.
—No lo sé, Mirella. Es decir, ya me había hecho a la idea que serías sólo mi amiga.
Me mordí los labios.
Yo no quería ser sólo la amiga, sino su amante, su compañera de aventuras.
—¿Qué sientes por mí, Rosa?
Ella se sonrojó y desvió la mirada, murmuró muy bajo.
—Te quiero, mucho. No sé si sea amor o no, pero siento que te quiero de una forma diferente a la que quiero mis otras amigas.
Me armé de valor y la besé, en el parque, sin importarme que alguien nos viera. Sólo éramos yo y ella, nuestras declaraciones y nuestros sentimientos.
—Yo siento que te amo, Rosa. No sé si desde el primer día, pero fue imposible no sentirme así contigo.
Ella tomó los chocolates, la rosa y mi mano. Nos sentamos en el banco del parque. Estaba callada, comió dos chocolates y yo uno, en todo momento estaba nerviosa, esperando una respuesta.
—Sí —susurró cuando terminó su último bocado.
No podría describir la felicidad que sentí al verme aceptada. La besé de nuevo, esta vez sintiendo adrenalina y felicidad. Nunca he consumido bebidas alcohólicas, pero podría estar segura que esto era mucho mejor que todas esas drogas.
La besé varias veces y la abracé en el parque, hablamos de nosotras, de nuestros gustos. No había nadie más en nuestra conversación. Era Rosa y yo, sólo las dos, sin terceros que malogren nuestro momento.
Rosa era oficialmente mi enamorada desde ese día. Y yo no pude dormir esa noche de la felicidad de saber que ella era mi pareja.

El diario de Mirella: Día 23 (miércoles)



Ya no tenía dudas en decirle a Rosa de mis sentimientos y todo lo que provocaba en mí. No había razón para que ella se preocupe por Magaly porque estaba teniendo una relación, o lo que fuera, con Laura «La patrona».
Magaly desde ayer dejó de ser la molesta piedra del zapato, la que estaba entre Rosa y yo, quién no dejaba que nuestros sentimientos fluyan e instalaba un sabor amargo en nuestros acercamientos.
No, Magaly ya no era eso.
Respiré hondo y, por primera vez después de mucho tiempo, estaba feliz, muy feliz, como si hubiera acabado con una carga pesada. Sentía que cualquier problema no traería abajo mi ánimo, y es que estaba pensando en una manera, algo romántico e infalible, para que Rosa deje de ser una amiga a ser mi chica.
Me sonrojé.
Para que el momento de la declaración sea mágico e inolvidable, tenía que pensar en rosas, tal vez chocolate, pero cuando pensaba que mi presupuesto para el momento no tenía suficiente dinero, aún no recibía la propia de fin de mes.
Tal vez una carta y sólo una rosa, siempre fueron buenas amigas del romanticismo, y esperaba que fuera mis mejores armas de conquista para el día sábado.
El día que por fin le diría a Rosa para que sea mi novia.   

El diario de Mirella: Día 22 (martes)


La mejor forma de evitar presentar una tarea, era decir que estaba enferma o ir al baño y tardarme mucho en volver. En mi caso, era más conveniente el ir al baño, la táctica de la enfermería ya había hizo usada por otro estudiante de mi salón en ese día en el curso de matemática.
Magaly no había entrado a esa clase y me sentí muy agradecida de no verla.
Aún tenía unos minutos para estar encerrada en el baño. La campaña no sonaba y todavía faltaba cerca de una hora para el receso.
Desde adentro del baño se escucha mucho ruido afuera, como si dos chicas estuvieran discutiendo. Yo me encerré en uno de los cubículos, la posibilidad que entren al baño para arreglar sus diferencias a golpes era alta.
Desde mi escondite vi a Laura 'la patrona', la líder de uno de los grupos de chicas buscapleitos de grados superiores, y estaba arrastrando a otra chica al baño, una mucho más pequeña que ella y de grado inferior.
Era Magaly quién Laura empujada.
Sentí, por primera vez, compasión por ella. Nadie merece despertar los insanos deseo de Laura, sus deseo de golpear hasta dejarte sangrando.
Laura acorraló a Magaly en la pared del baño. Magaly en todo momento tenía una actitud sumisa y relajada, como si supiera lo que Laura haría.
—Te extrañaba, preciosa —dijo Laura.
Laura besó a Magaly, y esta no puso residencia.
Los besos de Laura se veía que era de una mujer experimentada. Magaly correspondía con dificultad.
Laura no sólo besaba sino tocaba. Tocaba por debajo de la ropa los senos de Magaly, en forma circular. Laura estaba jugando con los pechos hasta que se aburrió de su propio juego. Removió la ropa y dejó los senos fuera del brasier de encaje rosado de Magaly.
Laura besó los senos de Magaly, y mordió el pezón, con cierta fuerza sin llegar a lastimarla. Magaly tenía sus ojos vidriosos.
Laura le quitó el resto de ropa, la dejó desnuda y a su merced. Magaly están acorralada en la pared, esperando que Laura termine de jugar con ella.
Laura sacó de su mochila varios juguetes sexuales. Yo estaba abochornada. No quería mirar su acto sexual, pero era imposible no escucharlas cuando estaba escondida a unos metros de ellas. 
—¿Cuál quieres? —preguntó Laura.
Magaly parecía estar meditando.
—El consolador —respondió Magaly.
—¿Cuál de los dos?
—El que tiene arnés.
Laura parecía estar complacida.
Escuché el leve sollozo de Magaly y las fuertes embestidas de Laura con el juguete.
Miré por la puerta entreabierta de mi cubículo como Magaly era penetrada por Laura, que usando el juguete que era como un cinturón con un pene de dimensiones promedio. Laura no dejaba de mamar de los pechos de Magaly.
Era una imagen perturbadora  y excitante. Nunca había estado con nadie de esa forma íntima y ni siquiera había pensado en estarlo hasta que llegó Rosa, y al mismo tiempo Magaly.
Magaly fue mi primer acercamiento sexual, aunque yo no lo provoqué, así que era un poco difícil mirarla estando con otra mujer, cuando hace pocas semanas me incitó a tocarla.
Suspiré.
Magaly podría verme incitado por su propio placer y ahora lo había obtenido de Laura, que al parecer disfrutaba mucho del cuerpo de Magaly. Yo sólo tenía sentimientos por Rosa, pero esa inquietud que me provocaba ver a Magaly en los brazos de otra era asfixiante.
Laura dejó deslizarse a Magaly por la pared, esta se notaba satisfecha por las expresiones de placer de Magaly. Guardó el arnés consolador y sacó otro juguete. Un juguete que sorprendió a Magaly y a mí. El juguete era un cinturón con un pene, pero no era para penetrar sino para ser penetrada.
Me sonroje.
Laura colocó el cinturón a Magaly, haciendo que el pene entrará en ella. Magaly hizo un gesto de incomodidad, pero no se negó. El cinturón tenía una llave que Laura guardó después de asegurarse que el juguete estaba bien colocado en Magaly.
—Te veo en la salida, preciosa —dijo Laura.
Laura se despidió de Magaly besando sus labios, y después cada uno de sus senos.
Magaly estaba sola y yo no sabía si era prudente salir o no. Ella estaba desnuda con el consolador en su interior y estaba por recoger su ropa, arreglarse para salir del baño.
—¿Así que ella es tu novia? —pregunté
Algo en mí se removió cuando pensé que Magaly se iría sin saber que estaba allí, una parte de mi orgullo estaba herido.
Magaly volteo a verte horrorizada, como si hubiera visto un fantasma en el baño. Aún sus pechos estaban al aire y vi que estos se ponían duros, tal vez por el frío.
—¿Tú? —preguntó Magaly, desconcertada.
Miré a Magaly y sentí que había cometido un error al mostrarme. La vida sexual de Magaly sólo le compete a ella y a Laura, no a mí, por mucho que Magaly me hubiera usado hace pocos días.
—No es mi novia —contestó—. Sólo me toca cuando quiere.
No entendí a qué se refería.
Magaly se acercó aún desnuda a mí. Me avergoncé al verla así. Ella agarró mis manos entre las suyas, me hizo tocarle los senos como lo había hecho Laura, sentí su pulso ser más rápido.
—Tus manos se siente cálidas —dijo.
Magaly se apartó y comenzó a vestirse. Estaba avergonzada, era momento de volver a clases.   

El diario de Mirella: Día 20 (sábado)



Rosa estaba deslumbrante, con un vestido floreado muy femenino y juvenil, su busto resaltaba mucho.
Era inevitable no comparar el tamaño de sus pechos con los de Magaly. Y Magaly tenía razón, sus senos eran más grandes que los de Rosa, pero aun así me parecieron perfectos. Rosa no era un cuerpo hermoso, sino ella era una persona hermosa, amable y estaba enamorado de ella.
Rosa escogió el sabor de su helado, vainilla con chispitas de chocolate; el mío era chocolate. Comimos y reímos al hablar de nuestra vida antes de conocernos.
Hablé de las ocurrencias de Marcos, de nuestras travesurillas inocentes. Era difícil hablar de hechos donde Rosa no estaba.
Me estremecí al pensar que en ese poco tiempo ella había hecho un antes y después en mi vida. Que era diferencia todo ahora cuando la conocía. Rosa tiene un poder tenebroso para hacer que todo mi mundo gire por ella, me da miedo que nunca acepte mis sentimientos.
Ella hablaba de su familia, de su madre y padre. Su única familia. Ambos profesionales que le dedican mucho tiempo a sus trabajos, a tal punto que la dejaban con su tía materna. Ella no lo veía mal, porque decía que era por su educación.
Rosa eres muy amable y condescendiente.
Tomé la mano de Rosa. Ella no apartó mis manos de las suyas, sino que las estrujo. Era el silencio apoyo que ella necesitaba y yo se lo estaba dando.
Sólo esperaba que el día lunes, cuando regresemos a clases, ella no me aparte, que me ignore y sienta su rechazo como una acción implantada desde que Magaly llegó a nuestras vidas.    

miércoles, 2 de mayo de 2018

El diario de Mirella: día 15 (lunes)


Tomar la iniciativa en algo no era la mío, yo esperaba el avance de la otra parte y ver si me convenía o no seguir, en caso de que no huía lo más pronto posible, pero no podía hacer eso con Rosa. No, ella era diferente, la sentía diferente al resto de chicas del colegio.
Rosa estaba sentada leyendo, al parecer algún manga o cómic, desde mi distancia no lo diferenciaba mucho, pero lo importante es que estaba sola.
Magaly estaba siendo entretenida por Marcos y su acostumbrado coqueteo ridículo.
—¡Hola! —dije un poco eufórica, y es que sólo hablar con ella me ponía en ese humor.
Ella sonrió y respondió el saludo más casual.
—¿Estás libre este sábado? —pregunté.
Ella parecía pensativa.
—Sí —respondió sonriendo.
—¿Vamos por unos helados? —pregunté entusiasmada.
Ella sonrió emocionada.
Helados la perdición de Rosa.
—Claro.
La felicidad estuvo conmigo todo ese día. Era mi segunda cita no oficial, por lo menos así lo categorizaba.
Lo mejor es que Rosa no me rechazó.

martes, 10 de abril de 2018

El diario de Mirella: día 12 (viernes)



Rosa se estaba alejando de mí, cada vez la veía más cercana con Magaly. Y en el fondo me ponía celosa. No creía que Magaly tenía algún interés en ella, estaba descartado, sino que ella estaba robando el tiempo de Rosa para conmigo.
Sabía que estaba siendo todo lo posible para que cualquier acercamiento íntimo con Rosa no suceda. Era esa piedra molesta en el zapato que quieres quitártela, pero no sabes dónde está, en este caso sería cómo quitarla.
Miré a Marcos y decidí incluirlo en mi nuevo plan.
Magaly quería jugar con fuego, yo iba a jugar el mismo juego que ella.
Y ganaría.